Haberte perdido, Pocas cosas duelen tanto como soltar el amor y elegir la soledad
Haberte perdido,
Pocas cosas duelen tanto como soltar el amor y elegir la soledad
nadie se ha preparado para tomar la decisión más difícil de la vida: dejar al amor de tu vida con plena seguridad de que la vida de ella estará mejor sin ti.
Pasaron nueve años desde que todo comenzó como un juego, se convirtió en un idilio, fue campo fértil de proyectos y sueños cumplidos y una psicóloga lo convirtió en un infierno. Esta es la historia de la amiga de la psicóloga y un solitario bohemio que transformó toda su vida por darle gusto.
Como parte de la vida, las transformaciones de los sentimientos ahondan en su entropía y se envuelven en una vida llena de ocultos y silencios estridentes que ahogan las sonrisas en llanto. Estos sentimientos sin razón aparente se tornaron fríos y escuetos contagiados por quienes le rodearon. Bien se dijo “dime con quién andas y te diré quién eres” y al tomar las actitudes de una persona fría no solo se congela tu cuerpo sino también mi latir, que apenas si alcanza a percibirse como un mendigo extendiendo su lánguida mano esperando le ofrenden la limosna de amor.
Tres meses bastaron, desde el día en que me sentí pleno en una relación, para volverla la más fría e incipiente tortura de recibir la piel fingida de pasión y palabras con eco en el vacío del forzado y cortés gesto misericorde, gesto de alimentar esperanzas ya perdidas.
Ya te veo indiferente de la mano de tu amiga, la que prefieres a mi latir. Ya te veo indolente a mi sufrir, conociendo a cada momento nuevas experiencias evitando recordarme. En eso ella te ayuda, por eso ella ha acabado conscientemente mis anhelos de felicidad.
Aunque el dolor es mío lo escribo en este triste blog, en otrora un tributo a la pasión desenfrenada que bajo mi piel desatabas y ahora un lamento infantil de verte desvanecerte en el olvido al que mi amiga me llevó. Aquí vociferaba la pasión y amor que desatabas en mí y ahora apenas como murmullo escribo tu adiós.
Aún recuerdo los momentos en los que juré no poder vivir sin ti, y aunque te suelto a merced del frío aliento de quien no procura nuestro amor, confieso que ahora más que nunca cumplo mi palabra de no vivir sin ti, porque desde que ella llegó a tu vida para acabar con la mía he dejado de vivir para la felicidad que alguna vez soñamos.
Te veo entre el humo y mis lágrimas repitiéndome por siempre esta canción que a bien quisiera comprendieras, su génesis y mi Apocalipsis se escriben igual.
Don’t cry.
(Has sido la mujer que más amé, me diste el amor más lindo pero necesito amor, pasión, seguridad y sobre cualquier cosa no necesito semejante dementor como ella en mi vida)
Es inútil pedirte que finjas, es estúpido hacerte desechar semejante compañía, quien sobra entonces soy yo.

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