La ventana al alma: el encuentro.
Los ojos son la ventana al alma, dicen, aunque no aplica literal para todos por igual. Me sentía yo en un sofocante círculo de monotonía viciada de costumbre y moral, buscando alguna bocanada de aire fresco que me alce en vuelo del fango frío al que me acostumbra la ausencia de algún amor. Para entonces, cada amanecer corroía mi sonrisa con venales recuerdos, esa luna que acompañaba mis noches llenas de vacío no tenían más color que mis recuerdos ni más calor que mis sábanas pero eran mis únicas compañías. En medio del silencio de la noche aquellas piernas llenaron de ritmo mis oídos el danzar de sus tacones en la caoba de aquel pasillo. Corrí a verle por la ranura de la vieja puerta, con más huellas de inclemencia que mi mirar y que ahora me separaba del cadencioso abatir de tu falda en seda que ajustada a una cintura mecánicamente ilógica y un pendular escote que regulan la dirección de mis pupilas. Cruzando apenas el pasillo está su morada, aquella fortaleza en past...